El rincón tuejano

   

 Aquellos tiempos del Cuplé

 

¿Quién te ha visto y quién te ve?

Rogamos, pedimos de todo corazón que si tienen fotos antiguas del pueblo nos las hagan llegar  para publicarlas en la sección, ¿Quién te ha visto y quién te ve?, y junto a esa foto antigua haremos su correspondiente pareja, es decir, la misma toma, del mismo sitio pero en la actualidad ( y si tienen ustedes la pareja, pues mucho mejor, oiga). Resulta curioso ver cómo pasa el tiempo también para las cosas…

Entren en ¿Quién te ha visto y quién te ve? , pasen y comparen y si encuentran algo mejor, nos lo dicen, por favor.

 

¿Quién te ha visto y quién te ve?

La Moda de aquellos tiempos

 

El término municipal a mediados del siglo XX

En el año 1969, Victorio Martínez, escribió un resumen de las riqueza naturales que disponía el término municipal a mediados del siglo XX del que nos permitimos presentar un extracto dentro de esta sección.

 

 En aquellos años, la extensión de nuestro término era de 12.000 hectáreas de monte público, y se componía de 376 rodales; 4.000 hectáreas eran de labores de secano, regadío y población, con sus amplios, en donde se cuenta con caminos antiguos, río Turia y río Tuéjar, y edificios en los montes (hoy completamente destruídos). Nuestro término linda con seis términos: al Norte, rento de Bercolón y término de Titaguas; al Sur, con Chelva; al Este, términos de Titaguas, Alpuente y Chelva, y, al Oeste, con Talayuelas, Sinarcas y Benagéber.

 Los mojones que dividen con Titaguas y Tuéjar son doce; con Bercolón, catorce; con Talayuelas, tres triginios; con Sinarcas, doce; Benagéber, trece, y, Chelva, 27.

 

Las fuentes existentes en el término ascienden a cuarenta y dos, cuyos parajes y nombres les detallo a continuación:

Partida del Barranco (camino de Chelva): Fuente del Negro, La Bárbara, El Claro, Cueva de las Palomas, La Coneja, El Saz, frente a la central eléctrica, Nacimiento del río, El Médico, La Morca (estas diez fuentes están situadas junto al río Tuéjar).

 En el Barranco de las Boqueras: Fuente Rojales. En las Cañadas de Abajo: Pozo de Origuín. En Cañadas de Arriba: Pozo de los Melchores. En Campo de Tuéjar: pozo junto a la carretera de Valencia-Ademuz. En Barranco de Canales: Fuente la Umbría (la mejor del término), la de El Saltillo, Fuente Rodera. En La Sazadilla: Fuente del Olmo y otra junto a las casas. Partida Salada: La Cabera, Fuente Medio y Fuente Jordana. Partida de Matas Pardas: Fuente Matacán. Partida Campillos: denominada por su mismo nombre. Partida Roturas: denominada también por su mismo nombre. En la Masía Azagra: la llamada La Tosquilla. En la Masía Olmedilla: la Fuente de los Hoyos, Barranco Fuerte, Fuente la Olmedilla. En la Partida del Tablón: la llamada de El Conejo. Y en la Partida del Rodeno: Pozo Quiquet. En la Partida Collado las Cruces: la de El Pesebre. En la Partida Barranco de la Mina: la fuente Los Chivas. En la Rambla del Canjirón: fuente del Ratón. En el Campo Piquias: Fuente Cupido. En la Rambla del Canjirón: Fuente de la Canaleja. En Las Lentiscosas: Fuente de la Noguera. Y en la Masía Los Mogis: Fuente La Falaguera. Existían otras, que no las señalo por haberse apoderado los montes de las mismas.

 Cuevas que existen en el término:

En la Partida de La Hoyuela (umbría El Rodeno). En la partida El Pozanco: Cueva del Mogote. En la partida La Pacheca: la del mismo nombre. En la Fuente El Claro: Cueva El Roque, Las Palomas, El Marquete, El Cuco, Rincón del Pepito. Solana Peña Roya Gualage: la Cueva Negra. En la solana Cañada Español: Cueva del Olivastro. En la partida Solana de las Salinas: Cueva los Tairas, la de Tudela. En la partida Cerro Panchón: Cueva Luzano. En Costalhondo: Cueva el Sidro. En la Masía Azagra: Cueva del Rosigón. En partida del Rodeno: Cueva Caseta Marco. En la partida Rincón de la Mina: por su mismo nombre, Cueva Canjirón. Partida de las Hoces. Y Cueva de las Siete Tazas en la partida El Sevillano.

 Simas existentes en el término:

En la Hoya Somera, Cañada de Mazo, Peña Cortada, Tartalona, Cerro Negro, Collado Moro Alto del Cerro, Vallejo Cantera, Cerro Campillos, Barranco del Rincón, Umbría de los Ochenas (partida Gamonar), Loma de las Grajas, Sima Correcenado y Ventosillas. El Práctico,Victorio Martínez Dus

 

El calzado de antaño

En esta ocasión os vamos a presentar en esta sección estas fotos de auténtica artesanía e historia de nuestra tierra. La esparteña  o espardeña  era un calzado salido de la necesidad  básica de muchos labradores para poder calzar sus pies en su quehacer diario. La misma se realizaba con cuerdas de esparto que se entretejían manualmente para conseguir el producto deseado. Era, ni mas ni menos que una alpargata que fue utilizada por mucho tiempo en la provincia de Valencia.

Nos cuenta Tonet  que "estas esparteñas me las hizo mi padre cuando su salud todavía le permitía entretenerse con estas cosas. Él aprendió a hacerlas por necesidad, pues no tenían fácil el calzarse por aquellos entonces. Mi abuelo Marcial, el pastor, su suegro, también sabía hacerlas, y aunque cada "artista" tenía sus propias variantes, el resultado final era muy similar."

Os dejamos con este relato de nuestro gran colaborador tuejano que nos descubre el maravilloso arte de realizar unas esparteñas en condiciones, a pesar de que, como el mimo reconoce, el calzado actual es mucho mas cómodo.

Lo que no comprendo, prosigue Tonet "El Tejero", es cómo podían usar semejantes instrumentos de tortura, pues me las he puesto únicamente para hacerme la foto y, pese a que mis pieses (o quesos) no son precisamente muy delicados, he notado (desagradablemente) la aspereza del esparto, si bien probablemente sean preferibles las rudas "esparteñas" a caminar descalzos por la naturaleza agreste.

Es curioso que un comercio de artesanía y productos típicos de Mojácar, a cuyo dueño le comenté que las tenía, me ofrecía 30 € por par, y no era preciso hacerlas tan grandes. Si eso les ocurre a mis antepasados en aquella época, no se lo creen.

Lo más divertido es que son realmente a medida, pues conforme se "fasca" (se entrelaza el esparto) y se hace la "pleita", cuerda ancha o cinta que conforma la suela, se va comprobando con el pie que la calzará, por lo general el del propio ejecutante, de modo que al final queda exacta a como se necesita. La artesanía del esparto tiene su nomenclatura propia, por ejemplo a las cuerdas hechas de este material trenzado sencillo y usadas sobre todo en las tareas agrícolas se les llama "vencejos".

En este caso he metido todos los dedos dentro, pero generalmente se quedaban fuera los dos más exteriores, o al menos el meñique.

Para que el esparto no quede demasiado tieso y sea más "suave" al tacto y más dúctil al trenzarlo, se tiene en remojo y luego se machaca con unos tarugos de madera, como rodillos grandes, golpeando las fibras cogidas en pequeños manojos sobre un pedrusco.

Quienes han usado estas esparteñas o cualquier calzado con suela de esparto, sabe que conviene humedecer la suela de vez en cuando para aumentar su duración y flexibilidad.

 

Para curar el "mal aire"

Nuestros mayores, son fuente de sabiduría popular y de remedios curativos naturales, pero también existían remedios, llamémoslos, mentales que ayudaban en situaciones cotidianas de la vida a "curar" ciertos males que van mucho mas allá de la medicina tradicional. Nuestro colaborador Tonet el Tejero, nos manda uno de estos remedios que a lo largo de los años pasa de boca en boca y se convierte en una tradición, en este caso autóctona. Quizás, en el prospecto que acompaña a este medicamento, deberíamos poner también las indicaciones y efectos secundarios, en este último caso, ninguno:

 

Cuando una persona se encontraba mal, si no era a consecuencia de una "parada", lo que conocemos por una indigestión, se trataba casi con toda seguridad de un "mal aire", tal vez por haber estado expuesto a corrientes frías estando sudado o algo parecido.

Entonces la persona que "tenía gracia" recitaba la siguiente oración:

Yo te conjuro, mal aire, en nombre de Dios Padre, de la Santísima Trinidad y por las tres misas que cantan la noche de Navidad. Buena monja, ¿qué es lo que haces?. Cojo flores para dar alivio a los pecadores, y verás como es verdad, lo que yo digo quita al mal su peligro. Así como lo que rezo es verdad, váyase el mal y la enfermedad.

He podido leer una muy parecida, con variantes insignificantes, en un libro titulado Festes, costums i tradicions valencianes, de Enric Martí, y que dice haber recogido también en Tuéjar. En ambos casos coincidimos también en la actuación del sanador, que durante el rezo bostezaba para incitar al enfermo a bostezar a su vez, ya que se creía que mediante esos bostezos salía el "mal aire" de su cuerpo.

 

Los toros

 

 

Corría finales del siglo XIX cuando tras finalizar una corrida, valga la redundancia, los toreros eran llevados en tartana hacia el pueblo. No, la foto no es de Tuéjar, es de nuestro  vecino pueblo, Chelva y pertenece a la fototeca de nuestro colaborador, Tonet el tejero, al que de nuevo damos las gracias por dejarnos ver estas instantáneas que forman parte de su historia y de la nuestra, como es el caso. Hay que observar al fondo la plaza de toros de Chelva, con su aspecto blanquecino, y la indumentaria de la época, tanto de los chelvanos como las de los toreros, con sus trajes de luces. Por descontado, que la propia tartana que seguramente sería el transporte mas usado en la época hacia su función de servicio de transporte para adentrarse hacia el pueblo vecino.

 

Las carreteras de antaño I

 

 

 Del archivo de Don Ramón Villanueva proceden estas joyas que incluimos ahora en la página. Ni que decir tiene que estamos hablando de la primera mitad del siglo XX que para una gran mayoría de nuestros lectores viene a ser como el Paleolítico inferior. De ahí que no esperen ver en ningún tejado del reino antena ninguna, ni de tele ni parabólica  ni ná de ná. Observen también que la circulación en invierno tenía su aquél y que la carretera que une Tuéjar con Titaguas estaba en pleno proceso de construcción. La foto es del puente del Molino Marco, en fin....

 

Las carreteras de antaño II

 

 

 Siguiendo con nuestras vistas de las carreteras que antaño los tuejanos utilizaban para desplazarse por la comarca, aquí vemos la carretera del pantano, sin asfaltar. Corría, como se ve en la foto, la mitad del siglo XX, y entonces el pantano era del Generalísimo no de Benagéber, término donde se ubica.

La familia de Tonet, el Tejero, (al que agradecemos esta instantánea), iba de excursión a esta obra faraónica, que tanto trabajo costó realizarla y que tanto ha marcado nuestro pueblo.

El bando

 

 

Imagen de 1940. El bando municipal es leído por el pregonero. El macho, el mulo, mejor dicho, es sujetado por el chavalillo para que no se espante. No se sabe muy bien si por el jaleo de la calle o por lo que decía realmente el pregonero. De allí, el pregonero, por cierto , no decir bandolero, que aunque diga el bando no deriva así la palabra, de allí, digo el pregonero iba hasta otro punto del pueblo, volvía a parar al mulo, hacía resonar la trompetilla y de nuevo leía el ordeno del alcalde....De orden del señor Alcalde, se hace saber...., y luego ya lo que realmente se quería hacer saber. Pero no sólo se hacía saber lo que el Alcalde quería que se hiciese saber, no; el bando también servía como publicidad: ventas, compras, cambios, reparaciones, etc. Todo tipo de servicios y negocios se hacía públicos a través del bando. El sonido de la trompetilla y la voz del pregonero, eran lo suficientemente poderosos como para hacer callar y escuchar a la gente. La costumbre del pregón oral sólo queda ya en los pueblos y en el mejor de los casos sustituida por la megafonía que deja poco lugar a otros sonidos en los pueblos más pequeños. Para la gente de lugares más habitados, esto es una peli de marcianos; pero palabrita del Niño Jesús que es verdad.

 

La carretera del pantano

 

 
 La Escuela, la Vieja Escuela, con mayúsculas y curioso: no se ve la carretera del Pantano....Si se fijan en un primer plano están sentados los ingenieros y topógrafos que están diseñándola. El que la carretera del Pantano pasara por Tuéjar y no la dejase de lado, como en un principio estaba diseñada, fue obra del don Ramón Villanueva quien con su empeño, su agilidad mental y su saber estar consiguió aquello que pensó daría vitalidad al pueblo de Tuéjar, su enlace con lo que entonces era una gran metrópoli: Utiel de donde partía el ferrocarril hacia la Capital del Reino. Lo consiguió. Desde luego , don Ramón fue un personaje digno de admiración que participó como protagonista en la modernización del pueblo en el plano de las obras públicas especialmente, pero que formó parte de un grupo de notables- en el mejor sentido de la palabra - que hicieron de Tuéjar uno de los pueblos más avanzados de la Serranía y que a pesar de las limitaciones técnicas, humanas y económicas de aquellos días supieron conseguir bienes extraordinarios para la época: fuentes públicas con su consiguiente red de agua potable, una central hidroeléctrica, la carretera mencionada hacia Utiel, la mejor biblioteca pública posiblemente de toda la provincia, etc, etc, etc.

 

Nos vamos de excursión

 

 

Los alumnos de las escuelas en alguna de las terrazas de cualquiera de las playas de Valencia en un día de excursión. Una excursión de aquellas era casi casi un Paris – Dakar de hoy pero sin el GPS. (Fotos Archivo D. Ramón Villanueva)

 

La maestra

 

 

Cuarenta niñas, cuarenta, de mil novecientos cuarenta y cinco y una maestra de cara serena que más que mirar al fotógrafo parece que esté esperando de cara a la pizarra la resolución de un problema o atendiendo la lectura de alguna de sus alumnas. Lo de la coeducación llegaría casi 30 años después. En 1945 los niños, con los niños y las niñas, con las niñas. Escuelas separadas. Maestros para ellos; maestras  para ellas. Clases: de lunes a sábados por la mañana, ambos incluidos. Los jueves por la tarde, fiesta. De todas formas no se nos alteren, la mayoría faltaba mucho a la escuela (lo de cole, colegio, centro escolar y demás nombres cursilones aparecerá luego, en el 45, la escuela). Pues, decía, faltaban muuucho a escuela; pero no se crean, faltaban además porque tenían que ayudar en faenas de la casa: amasar, limpiar, etc. o en faenas agrícolas. Y, eso sí, eran afortunadas porque muchas de sus amigas ni siquiera salen en la foto, no fueron jamás a la escuela. Niñas de 12 ó 13 años y de 4, y de las edades intermedias, todas juntas, todas con su maestra, doña Andrea.

 

De fiesta

 

 

 De entre las fotos de don Ramón Villanueva hemos seleccionado estas dos para una nueva entrega. Las dos tienen un denominador común: la fiesta. Si hay que situarlas en el tiempo diríamos sin equivocarnos mucho que la de las clavariesas es de allá los años cuarenta del mil novecientos, claro, la segunda parece más de los principios de los cincuenta. En esta segunda, que mantiene mucha más calidad, más de uno podrá ver a su tío, o a su padre o a él mismo, pero de crío, claro. Esperemos que les gusten y les traigan buenos recuerdos. Son dos autenticas joyas. Gracias, Manolo por tu colaboración.

 

Hoy hay mercado en la plaza

 

 

 Seguro que el bando anunciaría que en la Plaza se vendían sábanas de hilo, botijos, serones y cuerdas. Que ser reparaban sillas de enea o que se vendían o cambiaban naranjas por patatas. El mercadillo de principios del siglo XX era en la Plaza como se puede ver y el transporte de la mercancía se hacía con la tartana correspondiente en la que milagrosamente cabía un mundo de productos. El sol de invierno calienta el lienzo de pared que da al Sur. Aún se pueden ver edificios tristemente desaparecidos o en trance de desaparecer actualmente . La fuente, la que ahora está en la Calle del Majo, era la que presidía la escena. Años treinta de mil novecientos. Sol de invierno y tartanas. En la misma plaza, algunos edificios de los que se ven ahí , son testigos de chavalines con móviles, automóviles con tuneados y pecés portátiles. (Fotos Archivo D. Ramón Villanueva)

 

Los chiquillos

 

 

Vean, observen y , si se fijan, descubrirán entre estos mozalbetes con cara de domingo a alguno de nuestros padres o abuelos de la actualidad. Algunos, los pobres se han ido para allá, otros siguen con nosotros afortunadamente. Por cierto, si algún internauta puede hacer ver la foto a alguno de estos críos, hoy ya abueletes, verá como se les ilumina el rostro y rejuvenecen setenta años en unos segundos¿ Quién les hubiera dicho a estos chiquillos de la foto que sus hijos y nietos los iban a poder ver en cualquier rincón de la provincia, de España y del mundo casi setenta años después ?

 

Leche en polvo

 

 

Allá por los años cincuenta y sesenta la situación económica y social no era tan catastrófica en España como en la década de los 40 pero, pese a todo, no se comía cómo se debía ni cuánto se debía; especialmente cómo se debía. La dieta de los celtíberos aquellos era pobre en determinadas vitaminas y proteínas. En el 53 , y aprovechando que la cosa estaba “calentica” entre el Este ( o sea la Unión Soviética) y el Oeste ( o sea los EEUU ) aunque paradójicamente aquello de estar calentica la cosa se llamó Guerra Fría , pues aprovechando todo esto, el gobierno de entonces decide firmar unos acuerdos militares y económicos con EEUU que en pocos años se iban a traducir en una serie de fenómenos sociales. Y es que pasamos de alimentarnos exclusivamente de productos patrios para empezar a meternos entre pecho y espalda ultramarinos, es decir productos del otro lado de la mar oceana. Si bien hay que decir que desde hacía años Argentina nos estaba enviando toneladas y toneladas de alimentos, especialmente cereal y carne. A lo que íbamos...el caso es que se puso de moda el reparto de una leche en polvo ( no hay ni doble sentido ni coña marinera) entre los escolares a la hora del almuerzo. Para muchos sería su desayuno diario ya que no lo habían hecho antes de ir a la escuela. Para otros, su primer desayuno lácteo ya que si  habían desayunado en su casa, habría sido otro alimento, patatas fritas o embutido o un trozo de pan con aceite y sal. Lo de la leche y la escuela tenía un relación mañanera y que venía de antiguo. Lo de mañanera porque había un reparto de leches por la mañana a aquellos alumnos que, formados en filas marciales no cantaran el Cara al Sol, himno de aquella época y que era de obligada entonación por decreto de la administración ( aunque si no hubiera estado don Teodoro, digo , don Tedoro, la administración se hubiera quedado sin la interpretación). El caso es que don Teodoro, digo , don Tedoro repartía unas leches extraordinarias a aquellos que solo hacían lo que hoy en día se llama Play Back y movían la boca pero no soltaban un gorgorito ni  medio. Don Teodoro, digo don Tedoro, dotado de un finísimo oído musical, se paseaba por entre las filas y , cuando detectaba a un mudito o a algún poeta que variaba a su capricho las estrofas y en lugar de decir, pongo por ejemplo, las flechas de mi ar...co, decía  aquello de ...las flechas de miar....zas, repartía una leche con carácter extraordinario y que no era incompatible con la de media mañana, más líquida y nutritiva. Lo de antigua porque la tradición del reparto de leches venía de tiempo inmemorial ya. La escuela de Tuéjar, Colegio Público Ramón Laporta, tenía en su primer piso, justo enfrente de la puerta que daba entrada a los escolares, una cocina con su chimenea como Dios manda. Y es que esa escuela, antes de ser tal, fue una de las pocas casas señoriales de la localidad. Como tal casa tenía pues su cocina y en ella, en grandes peroles se calentaba el agua y se le añadía la cantidad de leche que correspondía. Como la leche a palo seco no estaba muy apetecible, los críos se llevaban de casa envuelto en papel pequeñas cantidades de chocolate en polvo - ColaCao, Phoscao... eran las más conocidas- .  Enormes colas de infantiles cabezas esperaban a que las cocineras les fueran llenando el vaso con la caliente y nutritiva leche en polvo americana, luego, con su vaso de plástico, humeante, a la pinada a tomárselo y a jugar hasta que acabara el recreo y el silbato de don Teodoro, digo don Tedoro, nos hiciera formar las filas más o menos marciales para volver al aula.

 

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