Una torrá en la la Tartalona

En el refugio de la Tartalona, en la Semana Santa del 2005, preparamos una buena chasca para torrar algo de cordero, embutidos y unas tajadas de lomo adobado que el Salva y la Azucena preparan con gran esmero, ¡y no veas como está nada más que vuelta y vuelta!. Es cierto que ese día nos saltamos el precepto de la abstinencia y tal vez del ayuno, que no lo tengo muy claro, pero estoy seguro que San Diego nos echará un capote ...

El comentario negativo es el comportamiento de algunos (no todos) de los que por allí campan y acampan.

En la foto que estoy con la parrilla, si os fijais, a la derecha de la chimenea se ven un montón de tacos de madera perfectamente apilados y ordenados para que ocupen menos sitio. Tengo la oportunidad de poder llevar ese tipo de leña, y cada vez que he ido he llevado el maletero repleto, mucha más de la que necesito, para dejarla y que la usen otras personas, lo mismo que cuando he ido con más tiempo y he aprovechado la mañana para darme un paseo y hacer leña seca en el monte, siempre he traído toda la que cabía en el coche para dejar un buen montón.

En esta ocasión, cuando terminamos de asar, otra familia que estaba allí me dijo si podían ponerse ellos en la lumbre. Por supuesto, y si necesitan más brasas, ahí tenéis todos esos tacos que he dejado.

La verdad es que habían brasas más que de sobra, y así lo dijeron, dándome las gracias. Nosotros salimos a pasear un rato, y al volver para ver la parte de abajo, me doy cuenta de que el montón de tacos había disminuido mucho. Pensé que habrían tenido que hacer más brasas y no le di más importancia, pero es que al regresar para marcharnos veo que no quedaba ya ni una astilla. Con cierto mosqueo, entro y les pregunto a otra familia que quedaba por allí, pues los primeros ya se habían marchado, y me explican que habían venido unos chavales de los acampados y se habían llevado toda la leña, que no les habían dicho nada porque tenían una actitud chulesca y no querían meterse en líos.

Realmente cabreado, quise ir en busca de los “espabilaos”, pero la familia me lo impidió para evitar que un día tan bueno acabara de mala manera.

Y esta gentecilla son los que arrancan los troncos de las vallas, de la barandilla del puente, queman las ventanas, puertas y todo lo que les viene en gana. Ya digo que no son todos, pero por mi experiencia, se que lo gratuito no se respeta.

Tonet, El Tejero

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